El tercer tema por excelencia del mosaico romanos es el de los
juegos y las bestias. Se ha dicho que los Romanos seguían siendo
los hijos de la Loba, siempre cercanos de las fuerzas salvajes
de la naturaleza, listos para admirarlas y embriagarse con el
espectáculo de la brutalidad animal. Aunque a menudo esto los
condujera a representar en el anfiteatro los combates de fieras
y las luchas sanguinarias que las oponen a hombres armados, la
majestad del animal no les era extranjera. Así pues, a los realizadores
de mosaicos del Túnez romano les gustaba representar sobre los
suelos la fuerza del león o la
agilidad de la pantera. Hemos de notar que, por lo menos en
África del Norte donde todavía abundaban las grandes fieras, la
observación de animales venía respaldada por un conocimiento de
visu de esos animales.
Puesto que las venationes se desarrollaban en selvas artificialmente
reconstituidas en la arena, no siempre es fácil saber si dichas
representaciones son imágenes sacadas de los espectáculos de los
anfiteatros o si evocan cazas reales en las grandes propiedades
locales. En todo caso, los dos tipos de mosaico son una prueba
de que la caza era una de las ocupaciones favoritas de los Romanos.
Hasta el emperador debía ser un buen cazador dado que esta actividad
era una oportunidad de probar su valentía y sus allegados lo imitaban.
Las representaciones de concursos de caballos en el circo también
tuvieron un puesto de honor en los mosaicos; pero, paradójicamente,
mientras que se ignoraba la carrera del jinete, solo en su caballo,
la competencia de carros era uno de los espectáculos más difundidos.
Aquí el emperador también debía dar ejemplo por cuanto tenía su
carro favorito y en sus caballerizas se criaban caballos de concurso.
Por otra parte, las grandes personalidades de la corte mantenían
animales de raza con nombres prestigiosos, tal como puede verse
en un mosaico de Torre de Palma, Portugal o en uno de Djerba,
Túnez. Las cuadrigas representadas sobre cuatro cuadros comprados
en Roma son ejemplos excepcionales de esas carreras famosas.
Por último, los espectáculos de los gladiadores constituían uno
de los pasatiempos favoritos de la población. La definición estricta
del armamento de cada uno de los adversarios y el desenlace del
encuentro siempre sanguinario y, por lo general mortal, hacen
que los combates estén codificados. Los gladiadores tenían nombres
de personajes conocidos y eran tan populares como los caballos
de carrera. Sus exhibiciones eran costosas y cuando un notable
invertía sumas considerables de dinero para presentar las «estrellas»
de la arena, no perdía la ocasión de inscribir sus nombres en
el mosaico que conmemoraba el espectáculo ofrecido a sus compatriotas.