El segundo tema que hemos querido ilustrar es el de la vida cotidiana.
Puesto que el mosaico siempre presentó la ventaja de poder lavarse
fácilmente con grandes cantidades de agua, remplazó la tierra
batida de las primeras habitaciones y se impuso rápidamente como
un elemento usual del decorado de la casa. Además de ocupar las
grandes salas de recepción en donde, a menudo, se figuraban escenas
de la vida diaria, también constituye un revestimiento sobrio,
casi siempre de carácter geométrico, para el resto de las piezas.
En el Imperio romano, se desarrolló progresivamente un vasto repertorio
de composiciones regulares, ejecutadas con regla y compás a partir
de esquemas matemáticos simples. Las mismas tramas se encuentran
en todas las provincias. Gran parte de sus variaciones se derivan
del uso más o menos extensivo del color y de los motivos de relleno
del repertorio propio de cada estudio.
Mientras que para atraer las miradas la mayoría de los mosaicos
figurados centran sus composiciones en el cuadro del eje principal
del tapiz, los mosaicos geométricos, los equivalentes de nuestras
moquetas modernas, suelen repetir indefinidamente el mismo motivo.
Aunque esta monotonía concuerda con el carácter banal de pasillos
y piezas secundarias, los realizadores se dieron cuenta del peligro
de saturar a los usuarios; por eso decidieron añadir en las casillas
geométricas de esas tramas otros elementos figurados. También
es posible encontrar temas que recuerdan los actos de la vida
diaria como, por ejemplo, una imagen de esqueleto acompañado de
la máxima de Sócrates «conócete a ti mismo», que se puede interpretar
como una alusión a esos esqueletos miniatura que circulaban entre
los comensales de los banquetes para recordarles su condición
mortal.
El mosaico también puede convertirse en un medio publicitario;
basta con recordar el fabricante de garum de Pompeya que
mandó a reproducir en el suelo por el que circulaban sus clientes
una ánfora conteniendo el producto del que conocía el secreto.
Por último, encontramos escenas que relatan momentos de la vida
social; o por lo menos, es lo que parece expresar el curioso mosaico
de Capua sobre el cual se aprecia un grupo de jóvenes listos
para cantar en una coral y reunidos bajo el mando de su director.
Las representaciones de las estaciones son más simples y más frecuentes,
en ellas aparecen los frutos de las cosechas que marcan el ritmo
de la alternancia de los meses del año. Ya sean abstractos o realistas,
todos esos decorados de pavimento acompañan los trabajos y los
días de la vida.