Quedan por establecer los límites geográficos que fijamos para
la selección de mosaicos presentados en el Museo Arqueológico
de Madrid. La región de la cuenca del Mediterráneo, tomada en
su sentido más amplio, nos pareció un conjunto que representa
una unidad. La mayoría de los sitios a los que pertenecen los
pavimentos se encuentran en las provincias que Roma consideraba
como occidentales, es decir, España, Italia, Portugal y Francia
y del otro lado del mare nostrum, Argelia, Túnez y Marruecos.
El mosaico romano tuvo también un auge excepcional en dos provincias
orientales: Turquía y Siria, donde la herencia Helenística y su
tradición pictórica todavía están muy marcadas. Opinamos que los
talleres de Antioquía y Souweida producen un tipo de mosaico más
clásico y más impregnado de la paideia de Oriente que los
de las provincias occidentales. Estas últimas produjeron un mosaico
quizás más inventivo, más rico en su policromía y que, en todo
caso, pudo imponerse por el vigor de su estilo y la riqueza de
su policromía en todo el Maghreb romano. Ambas tendencias se complementan
y le proporcionan al mosaico de la cuenca del Mediterráneo una
unidad fascinante bajo el impulso de Roma.
Cuatro temas principales guiaron nuestra elección pues nos permiten
ilustrar las tendencias profundas del imaginario romano.