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La unidad a pesar de la fragmentación

Del trabajo conjunto de los artistas surge, como por milagro, la imagen única, coherente y ordenada. De la multitud de cubos cuidadosamente alineados y a menudo dispuestos como en un rompecabezas, nace una estructura que los engloba. Esa súbita aparición de una imagen única nacida de lo múltiple constituía el misterio fascinante que definía ya en la Antigüedad, al mosaico. De esta forma, San Agustín, que debió tener innumerables ocasiones de apreciar los mosaicos de Cartago, reunía en un mismo enfoque filosófico el sentido de la unidad del mundo y del objetivo de la Providencia al igual que la alquimia extraña que permite que un mosaico tome forma.

Según San Agustín, lo accidental, lo imprevisible y hasta lo absurdo parecen reinar sobre el universo, pero ese caos se transforma en una composición ordenada para aquel que sabe mirar el sistema del mundo con cierta distancia. Gracias a un doble movimiento, a la vez analítico y sintético, el observador capaz de tomar en cuenta los avatares individuales y los meandros del Destino en la vida humana logra comprender que el todo en el que el hombre se encuentra inmerso tiene, en realidad, un sentido global. De allí esta comparación ingeniosa entre la constitución física de la pulga y la técnica del mosaico: «¿Cómo entender la repartición y la disposición admirable de los miembros de una pulga mientras que la vida humana se desarrolla y se debate constantemente entre el cambio y la confusión? Lo mismo pasa con el mosaico: si alguien fuera lo suficientemente miope como para que su mirada no pudiera abarcar más de una línea de teselas en un pavimento hecho con cubos minúsculos, éste, creyendo que la variedad de piedras no tiene ningún orden, acusaría al realizador de ignorar la disposición de los cubos y su composición. ¡En realidad, la culpa sería de su incapacidad para distinguir y apreciar con una sola mirada esas marqueterías maravillosas en las que todo concuerda para formar una imagen única y hermosa!»

Tal es la paradoja del mosaico, la unidad a pesar de la fragmentación, la coherencia en lo individual y en un orden sabiamente oculto tras la monotonía aparente de las filas de cubos.