El repertorio

Los talleres

La unidad a pesar de la fragmentación

La cuenca del Mediterráneo

La naturaleza y los jardines

La vida cotidiana

Los juegos y las bestias

Dioses et diosas

 

Los talleres

Los talleres constituían equipos itinerantes de tamaño reducido que iban de un lugar a otro y que, a menudo, elaboraban obras muy parecidas en regiones muy distantes.

Seguramente, circulaban entre los talleres cuadernos de modelos que servían de guía a los artesanos en sus composiciones. Así pues, los dispositivos particulares para ensamblar los personajes, los esquemas, el arreglo de las escenas y los motivos estereotipados (como la ninfa cubriéndose con su velo) son fáciles de catalogar y forman un repertorio que sirve de inspiración al «pintor de imágenes» pictor imaginarius quien las retoma a su antojo y las adapta a su propio estilo.

Dentro de una serie de cincuenta representaciones en todo el mundo romano, Europa de Arles es una de las imágenes del rapto de la ninfa que posee mayor gracia a pesar de que, para los especialistas, cada una sea única ya que ningún mosaico se superpone perfectamente a otro. La libertad del artista es total aún cuando éste se esmere en reproducir un esquema conocido.

A pesar de las variantes que el artista añade a la imagen-princeps, siempre hemos de reconocerla pues está como animada por una fuerza viva. El reconocimiento de esas figuras explica el sentimiento de connivencia inconsciente que nace en nosotros al contemplar una imagen que no siempre es, como dijo Verlaine, «ni exactamente la misma, ni precisamente otra».

El mosaico es un arte «conservador» por naturaleza en la medida en que es un «conservatorio» de formas anteriormente representadas así como de imágenes que ya son clásicas y que casi nunca se alejan de un repertorio, por lo mismo, limitado. Por esto las escenas que muestran un acontecimiento o que tienen un carácter histórico son muy raras, es como si la ausencia de un «cartón» de modelo hubiese impedido que el artista representase un evento preciso situándose en el tiempo. Los únicos mosaicos de carácter histórico son los que representan los combates en la arena o los concursos en el circo y a los que a veces pretendemos fijar una fecha y hasta reconocer a sus protagonistas. Pero los eventos que originaron esas imágenes también pertenecen a series codificadas en el plano iconográfico. El resultado de esos raros casos en los que el artista se arriesgó a inventar una nueva composición es aún más extraño. Por ejemplo, en el misterioso mosaico de Santa Maria di Capua Vetere se ha pretendido ver la clase de un maestro de escuela, un coro de mujeres jóvenes o los miembros de una liturgia. No obstante, aparte de esos escasos ejemplos, el pictor imaginarius sabe jugar a la perfección con un repertorio de motivos que hacen referencia constante a la memoria y la cultura.

Cuando el jefe del taller dibuja sobre el cemento húmedo la imagen que servirá de patrón al relleno de cubos, no hay duda que este se ocupa personalmente de las partes más delicadas (los rostros) o bien se las confía al tessellarius más experimentado de su equipo. A los obreros menos capacitados se les asigna la tarea de los rellenos ordinarios en los que se puede trabajar con la regla y el compás e incluso con las plantillas de bronce que permiten una mayor regularidad de las formas, es decir, los fondos monocromos y los bordes. Un examen detallado de los pavimentos aquí expuestos permite identificar las «manos» e imaginar, en el caso de los de mayor superficie, varios artesanos trabajando conjuntamente. La presencia de descripciones nos indica que hay especialistas encargados de las «sombras» mientras que otros realizan las partes más luminosas.