Cabe destacar que muchos mosaicos están firmados, lo que demuestra
el carácter único que se les atribuía en un mundo en el que el
artista permanecía anónimo. Entre las obras maestras sobresale
el mosaico de las palomas de Sosos, artista de Pérgamo citado
por Plinio el Viejo. Los realizadores de mosaicos apreciaron tanto
este tema que lo reprodujeron innumerables veces a lo largo de
los siglos.
Sabemos que en la mentalidad antigua, la morada de todo hombre
de cultura debía ser una suerte de museion, un santuario
o, por lo menos, un refugio para celebrar la gloria de las musas
a través de las más bellas producciones artísticas de la humanidad.
Sin embargo, por definición, las obras maestras son únicas y
el hombre cultivado debe conformarse con réplicas ante la imposibilidad
de adquirir los originales.
El arte del mosaico nace, entonces, en gran parte, del sueño
de hacer de su casa un museo en el que se puede sostener un diálogo
con las musas sobre temas eternos de reflexión, la vida, el amor,
la muerte, los dioses y sus acciones sobre el mundo, la codicia
que debemos evitar para lograr la sabiduría, y la virtud de la
cual los héroes de la fábula han dado los mejores ejemplos.
¡Qué importa si nuestro vecino hace representar en su triclinium
la misma imagen que nosotros si esta ya ha demostrado su validez
al contener una lección moral cuyo valor permanece vivo y si,
además, su riqueza inagotable contribuirá a animar la conversación
de los comensales!
Muchos de los grandes mosaicos que hemos reunido son en realidad
pavimentos de comedores. La cena, evento primordial de la jornada
romana, que comenzaba al atardecer y que se prolongaba hasta ya
entrada la noche, ocupaba mucho tiempo las mentes con discusiones
como las que reúne Ateneo en el «Banquete de los sofistas». Los
mosaicos que se extendían a los pies de los comensales y los que,
ocasionalmente, ocupaban los muros de la pieza, proporcionaban
mil pretextos a la sagacidad de los comensales para contar anécdotas
inspiradas de los poetas y para filosofar sobre su significado.
El Genio del Año
del Museo de Arles Antique constituye un buen ejemplo de temas
que nos hacen reflexionar acerca del paso del tiempo, el retorno
de las estaciones, el destino que está escrito en los signos del
zodiaco y el papel de Dionisio en la renovación cíclica de la
tierra y la vegetación. Por supuesto, no todas las discusiones
tenían el mismo nivel y cada uno exponía su propia lectura de
acuerdo a su cultura o su gusto por la especulación filosófica.
Por ejemplo el mosaico de Eros
y Pan representaba para algunos una imagen divertida,
el combate liliputiense entre dos seres míticos convertidos por
las fábulas alejandrinas en pillos batalladores; para otros, la
escena simbolizaba la victoria del amor purificado sobre la bestialidad,
del alma sobre el cuerpo.
Todos los mosaicos de temas figurados que presentamos en la exposición
podrían interpretarse de múltiples formas. Estas interpretaciones,
lejos de invalidarse, se superponen y le dan a cada tema la riqueza
de un abanico de imágenes.