BaricharaLeónGranadaGoiás VelhoAntigua GuatemalaSucreOuro PretoMontevideoMorelia
 

Barichara

 
 

La arquitectura de Barichara, la que está allí desde su fundación y la que se está culminando en este mismo instante, se ofrece como un testimonio vivo de la extraordinaria fuerza que posee la maestría, producto del completo entendimiento de un entorno geográfico.

Su traza urbana compuesta por el clásico damero español, se amolda a una ondulada meseta triangular con sus calles empedradas. Las sencillas fachadas de sus casas, sin mayores alardes formales, nos enseñan sobre las infinitas posibilidades que ofrece el uso de los mismos elementos: zócalos, ventanas, puertas, aleros y techos inclinados. Un repertorio tan limitado que no se ha agotado en tres siglos de experimentación continua, ha logrado descifrar el reto que ofrece darle una adecuada solución a los elementos: el zócalo protege el muro del agua que cae y lo salpica, las pequeñas puertas y ventanas dejan afuera el calor, y el alero cubre al caminante tanto de la lluvia como del sol.

Falta, sin embargo, mencionar que al traspasar la puerta de cualquiera de estas construcciones y cruzar su zaguán, se encuentra el patio, esa ventana al cielo que invita a pasar a la brisa y al agua, y en donde la vegetación encuentra su lugar. En estos patios se desarrollan toda clase de actividades y por eso es tan importante, al caminar por las calles de Barichara, no economizar miradas hacia el interior de las viviendas para descubrir los recintos donde sus habitantes encuentran su refugio más intimo. Contrario a los parques, que son para toda la población, y que, por consiguiente, se convierten en parajes para el encuentro, la charla o la fiesta.

Mientras otras poblaciones decidieron entrar en sintonía con las modas estéticas de una arquitectura que apeló tanto a la razón y que justamente terminó por perderla, Barichara decidió seguir extendiendo sus calles en piedra y en los últimos años volvió a reencontrarse, literalmente, de nuevo con la tierra. Ese ancestral material constructivo que se manifiesta con unos anchos muros que alejan el calor y que a su vez terminan por confinar un espacio, adquieren la particularidad de perderse en el tiempo. De esta manera, la nueva arquitectura en Barichara es tan vieja como la que ha estado siempre. Esta es una sencilla enseñanza que no se debe pasar por alto.

Tomado de: Alberto Escobar, “Barichara: 300 años de historia y patrimonio”, Letrarte Editores, Bogotá, 2005, páginas 153-154.
Fotografías de Ferrante Ferranti y Maruja Parra.